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domingo, 17 de mayo de 2015

Siete Reglas de Oro para vivir en Pareja. J. Gottman.

John Gottman, es un psicólogo estadounidense que se hizo famoso en los 90 por el popularmente conocido Laboratorio del Amor. El profesor emérito de Psicología en la Universidad de Washington, mide allí lo intangible desde hace dos décadas: por su Laboratorio de investigación sobre la Familia, en Seattle, han pasado cientos de parejas a las que entrevista, observa y filma. Con sus investigaciones escribió su famoso libro “Siete reglas de oro para vivir en pareja”.

De acuerdo con la teoría de John Gottman, los matrimonios y las parejas exitosas se diferencian del resto de los mortales por ser parejas emocionalmente inteligentes. Estas parejas de modo intuitivo, o aprendido, sufren airosas aún entre huracanes porque, según Gottman, mantienen fuera de sus discusiones lo que él llama Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión.

Estas personas tienen sentido del humor, pueden mantener una discusión sin faltarse el respeto, saben apretar pausa en el momento justo para retomar la calma y pensar con lucidez, y son flexibles a la hora de negociar. Para ello, descubrió que las parejas felices aplican, sin saberlo, siete principios a los que llamó “las siete reglas de oro para vivir en pareja” que describimos a continuación:

Primera Regla, “Riñas sin Jinetes” : las parejas emocionalmente inteligentes saben apartar la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la evasión de sus discusiones. Aquí tenéis un ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas y como entran en juego los cuatro jinetes en una discusión:

Ella dispara “No sacaste la basura.(crítica) ¿Por qué siempre te olvidas de …todo y no te importa nada?”, (en lugar de “Estoy disgustada porque no sacaste la basura, dijimos que lo haríamos por turnos”). Luego, un par de ojos en blanco o un tono escéptico bastan para pasar de la crítica a la burla, el sarcasmo u otra forma de desprecio: “¿Si te lo anoto, crees que podrás cumplir con la tarea?” Entonces, hace su entrada el tercer jinete que agrava el conflicto: “El problema no soy yo, eres tú con tus reclamos constantes, parece que no registras las veces que llego más tarde por dejar a tu mamá en su casa”. Defensa y ataque aumentan la tensión emocional. Finalmente, uno de los dos, por lo general el hombre que se abruma más rápido que la mujer, opta por la evasión, deja de ofrecer señales de reconocimiento, aparta la vista y la concentra en las noticias de la televisión.

Segunda Regla, “Conoce a tu pareja”: Gottman afirma que debes construir un “Mapa del Amor” de tu pareja: Recuerda eventos importantes de su vida, con qué …prefiere condimentar la ensalada, qué música detesta o cuál es su película preferida. Conoce sus sueños, miedos y objetivos. Sin este mapa, que es dinámico, no podemos conocer a nuestra pareja, y si no la conocemos, ¿cómo podemos amarla de verdad?.

Tercera Regla, “Detalles y Gestos que suman”: Las parejas felices sienten que la persona con la que están es digna de respeto y cariño, y se lo hacen saber en los detalles cotidianos. También es muy importante la expresión del afecto, gestos, palabras actitudes, que dicen, de innumerables formas, “te quiero, eres importante, prioritaria o prioritario para mí”.

Cuarta Regla, “Somos Dos”: “Deja que tu pareja te influya”, dice Gottman. Esta regla tiene que ver con ir compartiendo las decisiones en pareja y compartir el poder, para ello también es esencial diferenciar entre las discusiones importantes y aquellas que son inútiles. Gottman indica que “Cuando más placer se tenga en ceder espacios, más feliz será. Un desbalance de poder es fatal”.

Quinta Regla, “Tú y Yo”: Ninguna pareja puede darse el lujo de descuidar su intimidad y privacidad. Es importante cuidar la intimidad y privacidad, y tener espacios propios en donde se cultive la relación. Lo anterior también se relaciona con ir estableciendo propia autonomía respecto a las familias de origen e ir creando en conjunto su propio sistema de valores, rutinas y espiritualidad.

Sexta Regla, “Optimismo”: No importa qué tan insalvable parezca un problema, siempre hay que hacer lo imposible para solucionarlo juntos. “Mientras quede un resquicio de afecto y de admiración, aún hay esperanza -interviene Gottman-. A veces, un buen recuerdo es suficiente para impedir que la indiferencia deje paso al desprecio y que la relación se vaya a pique definitivamente. Por supuesto, esto no se consigue de un día para otro y requiere un gran esfuerzo reparador”.

Séptima Regla, “Aspiraciones Comunes”: Estar pendiente del otro. Lo importante es compartir la misma visión de la vida. Gottman descubrió que las parejas con una relación sólida se hacen frecuentemente propuestas el uno al otro.

Fuente:http://psicoalmaguer.com/2013/02/19/las-siete-reglas-de-oro-para-vivir-en-pareja/


Sara Morís González

Psicología y Terapia Familiar en Gijón

Www.psicologogijon.com

jueves, 26 de diciembre de 2013

El caso de Aaron


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LA REVISIÓN DE LA RELACIÓN DE LAS PERSONAS CON LOS PROBLEMAS

El problema y sus efectos están ligados por una relación de de- pendencia. Por consiguiente, centrándonos en una mitad de esta re- lación, podría afirmarse que el problema depende, para sobrevivir, de sus efectos. En otra parte he sugerido que estos efectos constitu- yen el sistema que mantiene con vida al problema; que se puede con- siderar que estos efectos representan las condiciones de superviven- cia del problema (White, 1986a).

La identificación de acontecimientos extraordinarios y la crea- ción de significados en torno a ellos ayudan a los clientes a identifi- car su resistencia a los efectos del problema o a sus exigencias. Te- niendo en cuenta la relación de dependencia entre el problema y sus efectos, se sigue que si las personas se niegan a cooperar con las exi- gencias del problema, lo están debilitando; no someterse a los efec- tos del problema hace que éste sea menos eficaz. 

Por tanto, en el proceso de construir nuevos significados para los acontecimientos extraordinarios, las personas revisan su relación con el problema. La descripción de esta relación revisada es muy distinta de la des- cripción que se había obtenido anteriormente acerca de la influencia del problema. 

La exploración de nuevas posibilidades en la vida de las personas se ve potenciada cuando se las anima a hacerse más conscientes y a formular más explícitamente este cambio en su re- lación con el problema.

Los Harrison vinieron a terapia a causa de su hijo Aaron, de ocho años. Sus constantes rabietas constituían un problema apremiante, así como su costumbre de huir de casa en plena madrugada. Todos es- taban convencidos de que, según se iba haciendo mayor, se hacía cada vez más incontrolable.

También existían otras preocupaciones, entre ellas los hábitos ali- menticios de Aaron, su falta de cooperación y su conducta alborotadora en el colegio. La conducta alimenticia de Aaron era realmente espectacular. Aprovechaba la menor oportunidad para, por ejemplo, comerse un tarro entero de café, consumir un tubo de dentífrico o beberse una botella de salsa de soja de un solo trago. Hace poco había saboteado una evaluación psicológica comiéndose el material del test.

Aaron tenía una larga historia de problemas de aprendizaje, y esta- ba en una clase de educación especial. Además, se le había diagnosti- cado hiperactividad a una edad muy temprana. A diferencia de Aaron, sus hermanas mayores parecían jovencitas relativamente normales. Ni siquiera sus costumbres alimenticias se salían de lo común.

Cuando rastreamos la influencia de los miembros de la familia so- bre la vida del problema, el acontecimiento extraordinario más recien- te y espectacular que identificamos fue que la señora Harrison había «desconectado» durante una de las rabietas de Aaron, en vez de unirse a ella. 

Construyendo significados en relación a este acontecimiento,
pregunté qué quería decir esto respecto a la relación de la señora Ha- rrison con las rabietas. Al negarse de este modo a someterse a los efec- tos del problema, ¿estaba accediendo a las demandas del problema o desafiándolas? ¿Cuál de estas relaciones con el problema la atraía más? ¿Debilitaría el problema o lo reforzaría, esta relación de coope- ración? ¿Qué más podía hacer para ponerse de parte de esta nueva re- lación con el problema y no mantener la anterior? ¿Era ahora ella quien mandaba en esta nueva relación?

En unas cuantas sesiones, la señora Harrison transformó su rela- ción con el problema. Otros miembros de la familia siguieron su ejem- plo y pronto las rabietas se quedaron sin el sistema que las mantenía. El comportamiento de Aaron mejoró sustancialmente, su aprendizaje se aceleró de forma espectacular y su capacidad de concentración au- mentó de forma importante. Para satisfacción mía, la señora Harrison se convirtió en una «consultora» para los demás padres que tenían hijos en la clase de Aaron, y les ayudó a revisar su relación con los di- versos problemas que les preocupaban. 

Fuente: Medios Narrativos para fines terapéuticos. Michael White y David Epson.
Sara Morís González
Psicólogo y Coach en Gijón 
www.psicologogijon.com

domingo, 22 de diciembre de 2013

¡Cómo respondemos a las exigencias del problema para que este continúe!


Con respecto a la terapia familiar —que es nuestra área de interés especial— el método interpretativo, en vez de proponer que cierta es- tructura subyacente o disfunción de la familia determina el compor- tamiento y las interacciones de sus miembros, sostendría que es el significado que los miembros atribuyen a los hechos lo que determi- na su comportamiento. Así, desde hace algún tiempo me intereso por cómo las personas organizan sus vidas alrededor de ciertos significa- dos y cómo, al hacerlo, contribuyen inadvertidamente a la «supervi- vencia» y a la «carrera» del problema. Y, a diferencia de ciertos teóri- cos de la terapia familiar, en vez de considerar que el problema es de algún modo requerido por las personas o por el «sistema», me intere- so por las exigencias del problema para su supervivencia, y por el efec- to que tienen esas exigencias sobre las vidas y las relaciones de las per- sonas. He propuesto que las respuestas de los miembros de la familia a las exigencias del problema, tomadas en su conjunto, constituyen inadvertidamente el sistema de apoyo a la vida del problema.

Michael White en Medios Narrativos para fines terapéuticos. 1980. Australia. 

Sara Morís González
Psicólogo y Coach en Gijón 
www.psicologogijon.com