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miércoles, 19 de abril de 2017

Trucos para calmar la ansiedad

ansiedad

Trucos para calmar la ansiedad
Además de ese estado de ansiedad generalizada, en el que estamos preocupadas por todo, temerosas, inseguras y nerviosas, hay momentos en los que notamos cómo la ansiedad nos aprieta y se acerca una crisis de ansiedad. Lo cierto es que, con las técnicas adecuadas, podemos evitar esas crisis de ansiedad.
La mayoría de las veces intentamos calmar la ansiedad con los llamados movimientos repetitivos, que no hacen sino empeorar los nervios. O nos refugiamos en la comida para ingerir alimentos compulsivamente o, en los peores casos, buscamos la calma en el alcohol. Nada de esto funciona para calmar la ansiedad, al contrario.
Como estamos decididas a aprender a manejar la ansiedad, a controlarla, a combatirla y, en definitiva, a utilizarla, hemos buscado algunos trucos para calmar los nervios en esos momentos en los que notamos cómo la ansiedad se acerca peligrosamente a una crisis. Le cerramos la puerta a la ansiedad.

Trucos para calmar la ansiedad

-El primer paso para calmar la ansiedad es quitarle el miedo. Ten en cuenta que la ansiedad puede generarse por el propio miedo a tener una crisis de ansiedad. Piensa que pasará.
-Cuando notes que los nervios aprietan, si tienes oportunidad, sal a caminar. Camina rápida e intenta dejar la mente en blanco mientras respiras.
-Observa qué te está produciendo ese aumento de la ansiedad. Observa y anota los momentos y las situaciones que te generan más ansiedad.
-Respira hondo. Aprende los ejercicios de respiración que son fundamentales para cerrarle la puerta a la ansiedad.
-Muévete, haz ejercicios de estiramiento para rebajar la tensión y evitar que la ansiedad vaya a más.
-Si estás en el trabajo o en otra situación en la que no puedes salir, bebe pequeños sorbos de agua y respira profundamente.
-Distráete, cambia de actividad, deja lo que estés haciendo por algo que te gusta si ves que la ansiedad está llegando.
-Visualiza escenas relajantes, momentos felices o situaciones agradables. Mientras te esfuerzas por que las imágenes positivas lleguen a tu mente, la ansiedad no podrá entrar.
-La meditación es un buen ejercicio para alejar la ansiedad y llenar tu mente de pensamientos positivos.
-Tómate una infusión relajante. Ayúdate de la fitoterapia para controlar los nervios mientras disfrutas de la sensación relajante del aroma de las plantas.
Laura Vélez  •  domingo, 20 de octubre de 2013
Publicado en https://www.diariofemenino.com/articulos/psicologia/ansiedad/trucos-para-calmar-la-ansiedad-y-evitar-una-crisis-de-ansiedad/

Sara Morís González
Psicología y Coaching en Gijón
www.psicologogijon.com
C/ Garcilaso de la Vega 21, entlo izda. 
Teléfono 671782032

martes, 28 de enero de 2014

martes, 5 de febrero de 2013

Pensamientos negativos



¿Te criticas constantemente?
¿Criticas mucho a los demás?
¿Te quejas de tu suerte o de que el mundo, la vida, etc., son injustos?
¿Te pasas pensando en todo lo malo que te va a pasar?

Si alguna de las personas que está constantemente contigo, se pasara todo el tiempo criticándote, ¿cómo te sentirías?
¿Y qué sucedería si llevara meses o años haciéndolo?

O si se pasara todo el tiempo diciéndote: "¿y si no logras...?", "¿y si ...se enoja contigo?"

Bueno, muy probablemente es lo que haces contigo mismo, aunque puede ser que no lo hayas notado.
Todos estamos constantemente hablando con nosotros mismos, aun cuando no nos damos cuenta.

Cuando este diálogo interno es negativo, está formado por frases como:
"Soy…", "debería o no debería…", "no puedo", "no vale la pena", "qué caso tiene", "es inútil", "y si", etc., etc.
Son pensamientos que afectan nuestra autoestima, nos limitan y alimentan todas nuestras emociones negativas y por lo tanto, debemos cambiarlos.

Están basados, principalmente, en lo que nos decían nuestros padres y otras personas importantes, durante nuestra niñez.
No podemos dejar de tener un diálogo interno, pero podemos tenerlo basado en pensamientos positivos y motivantes.

Cuando detectes este diálogo negativo contigo mismo, no te critiques o sientas mal por ello, ya que es lo que aprendiste desde pequeño.
A una edad en que no podías cuestionar la veracidad de sus palabras o ignorarlas. 

Una vez que hemos detectado nuestros pensamientos automáticos o lo que nos decimos a nosotros mismos, es importante reconocer los negativos y cambiarlos.
Cambia esas palabras negativas y habla contigo mismo, como lo harías con la persona que más quieres: con paciencia, cariño y muy suavemente.
Enfocándote en lo positivo y en lo que sí puedes lograr o aprender.

Cambia las palabras que tienen una fuerte carga emocional, por otras más neutras o positivas.
En lugar de decir "no soporto", puedes decir "me molesta".

Si piensas en todo lo negativo que crees que te va a pasar y que te está angustiando, analiza qué tan probable es que realmente te suceda.
Recuerda de que 75% de todas nuestras preocupaciones nunca suceden.

Aparentemente este cambio puede parecer superficial o poco importante, pero se han hecho estudios en los que se demuestra que ciertas palabras por sí solas, influyen negativamente en nosotros.

Cambia las afirmaciones que te limitan por preguntas.
En vez de decir: "No puedo hacerlo", pregúntate ¿Cómo puedo hacerlo? 
Busca la mayor cantidad de respuestas, sin analizarlas o calificarlas, en ese momento.
Ejercita primera una nueva manera de abrirte a más posibilidades.
Después puedes analizar cada una de ellas y ver cuál es la más adecuada.
Fuente: http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/manejo-ansiedad-2.html

lunes, 4 de febrero de 2013

Manejar nuestros Pensamientos


Detectar nuestros pensamientos.

Con frecuencia creemos que no pensamos nada o no nos acordamos de lo que pudimos haber pensado.
Pero es importante detectarlos, porque nos están haciendo sufrir.

Para ello podemos:
1.                       Hacer una lista de los sentimientos que tenemos en ese momento o sobre los que queremos trabajar.
2.                       En una hoja aparte, escribir una de las emociones de la lista anterior y abajo, en diferentes renglones, escribir:
"Me sentí __________, porque...
Repetir esta frase por lo menos 5 o 6 veces.
3.                       Una vez hecho esto, completar estas frases rápidamente, sin detenernos a pensar en la respuesta que estamos dando.
Otra forma de encontrar los pensamientos automáticos es escribir todo lo que creemos que pensarían otras personas en esa situación y analizar cada uno de dichos pensamientos, para ver si en alguna ocasión hemos pensado así. 




Analizar la veracidad de nuestros pensamientos.

La realidad es lo que sucede, es todo lo que existe y que puede ser verificado científicamente.
La realidad no es buena, mala, justa, injusta, etc., porque estas ya son valoraciones que dependen de las actitudes y valores de cada persona y cada quién califica una misma situación, de manera diferente.

Por ejemplo:
El que una persona me hable, es un hecho real.
Si me hablo feo, fuerte, con cariño, etc., es mi interpretación de ese hecho.
Lo que para mí puede ser feo, para otra persona puede ser normal o asertivo.

El problema es que el ser humano, no puede dejar de percibir e interpretar de acuerdo a su forma de ser, por lo que reacciona ante dichas interpretaciones.
Si piensa que le habló respetuosamente, probablemente responda de forma amable y tranquila.
Si cree que la otra persona fue agresiva, seguramente su respuesta será agresiva o por lo menos desagradable.

Esta interpretación, formada por nuestros pensamientos, es la que nos provoca muchas de las emociones negativas y de los conflictos que vivimos con los demás.
Por eso es necesario analizar los pensamientos que me hacen sentir o actuar mal, para modificarlos cuando sea necesario.

Una manera de checar la veracidad de nuestros pensamientos es preguntarnos:
"¿Que pruebas tengo para creer esto?"
"¿Puede haber otra explicación para esto que me está sucediendo?"
"¿Qué es lo que pensarían otras personas, de esta misma situación?"

Por ejemplo:
Si digo: "Me habló feo, porque está enojado conmigo".
Me puedo preguntar:
1.                       ¿Qué otras pruebas tengo, para comprobar que está enojado y que es conmigo?
Porque puede ser su forma de hablar, puede estar cansado o puede estar de mal humor, pero por algo que no tiene nada que ver conmigo".

2.                       ¿Absolutamente todas las personas que lo escucharan, pensarían lo mismo que yo?
Si no es así, si conozco a alguien que no lo haría, quizás estoy interpretando su tono de voz de una manera equivocada.
Si hacemos un análisis objetivo y estudiamos nuestro estilo de pensamiento y actitud (optimista o pesimista), podremos reconocer si nuestros pensamientos pueden estar equivocados.
En tal caso, lo adecuado es modificarlos y nuestra angustia disminuirá.

Fuente: http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/manejo-angustia.html

viernes, 1 de febrero de 2013

Técnicas para manejar la angustia.



Con frecuencia nos es difícil trabajar para cambiar un hábito de conducta o de pensamiento.
O pensamos que nos Esto puede ser cierto, pero recuerda que es mejor esforzarse un poco más, durante un tiempo, para estar mejor el resto de nuestras vidas, que buscar la "comodidad" momentánea y sufrir durante más tiempo y a la larga, con mayor intensidad.
sentimos tan mal que no podemos hacer el esfuerzo necesario.


Algunas de las técnicas para trabajar con los pensamientos que nos angustian son:
1.                       Reconocer y aceptar nuestra ansiedad o angustia.
2.                       Detectar los pensamientos que nos provocan dicha angustia.
3.                       Analizar su veracidad, cuestionándonos honestamente, qué tan real y objetivo es lo que estamos pensando.
4.                       Detener esos pensamientos.
5.                       Distraernos haciendo algo que nos gusta y/o pensar en otra cosa.
6.                       Cambiar el locus de control.
7.                       Respirar.
8.                       Relajarse.
9.                       Hacer ejercicio.
10.                    Aprender y darse permiso para reírse y divertirse.



Reconocer y aceptar nuestra ansiedad.

Son varias las razones por las que nos cuesta trabajo aceptar nuestra angustia:
1.                       La negamos o ignoramos, debido a que creemos que no deberíamos estar angustiados, porque:
·                                          "No es para tanto",
·                                          si nos angustiamos significa que:
·                                                           somos "débiles" emocionalmente,
·                                                           tenemos poco control sobre nosotros mismos y
·                                                           sobre la situación.

2.                       Reconocer que estamos angustiados puede, momentáneamente, angustiarnos más.
3.                       Pensamos que si no le hacemos caso, la angustia va a disminuir.
4.                       Estamos tan acostumbrados a ella, que ya no la detectamos.
Pero si no reconocemos y aceptamos nuestra angustia, no sólo no va a disminuir, sino que va a aumentar.

Si nos cuesta trabajo detectarla o aceptarla, lo que podemos hacer, es llevar un diario con tres columnas, en donde anotaremos:
1.                       Cualquier emoción o sensación física, sobre todo si es molesta o si la consideramos negativa.

2.                       Nuestra conducta o problema de ese momento.
Si aparentemente no estamos haciendo nada que pueda angustiarnos y no tenemos ningún problema concreto, debemos preguntarnos:
¿De lo que ha pasado últimamente, qué cosas podrían estar influyendo en mi estado de ánimo o en mi angustia?
¿Qué inquietudes o preocupaciones podrían estar en mi mente?

Escribe cualquier cosa que se te ocurra, aunque pienses que es ilógica o que es una tontería.

3.                       Nuestros pensamientos, si podemos detectarlos en ese momento.
Si no podemos hacerlo, más tarde, cuando tengamos tiempo, podemos utilizar la técnica para detectar los pensamientos.
Una vez anotados estos datos en las tres columnas, analízalas detenidamente, para que puedas encontrar que tipo de situaciones o pensamientos disparan tu angustia y elegir la mejor solución.

Una buena lista de situaciones y pensamientos disparadores de nuestra ansiedad, nos permites detectar nuestros puntos "débiles", es decir, aquellos en donde somos más sensibles y a los que tenemos que ponerle mayor atención.

Puedes leer el libro completo en http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/manejo-angustia.html

La angustia y los pensamientos.



La ansiedad o angustia, está provocada, mantenida y aumentada, por nuestras preocupaciones (pensamientos).
Mientras mantengamos dichos pensamientos, la ansiedad seguirá siendo parte de nuestra vida.

Los pensamientos son una herramienta necesaria para:
1.                       Organizar nuestras ideas,
2.                       analizar las situaciones y
3.                       sacar conclusiones que nos ayuden a mejorar nuestra calidad de vida.
Pero este análisis, las conclusiones que resultan y las emociones que éstas provocan, pueden ser correctas o incorrectas, verdaderas o falsas, dependiendo de nuestro estilo de pensamiento.

Cuando dichas conclusiones son falsas o incorrectas, nos provocan emociones negativas o desproporcionadas, que nos hacen sufrir inútilmente.

Para modificar nuestras emociones negativas, necesitamos cambiar los pensamientos falsos o equivocados, que las causan o las mantienen.

En este sentido, uno de los principales problemas, es que con frecuencia ni siquiera estamos conscientes de dichos pensamientos, porque:
·                          No los expresamos completos y con claridad.
Una simple expresión como "¡oh no!" puede tener toda una serie de mensajes negativos encubiertos.

·                          Una gran parte de ellos se da de forma automática y a tal velocidad, que pasan desapercibidos para nosotros.
Sin embargo, nos demos cuenta o no, una parte de nuestra mente "habla" o piensa y la otra escucha y se lo cree.
Por eso es importante reconocerlos y trabajar en ellos.

Publicado en http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/manejo-angustia.html

lunes, 5 de noviembre de 2012

Manejo de la Ira


MANEJO DE LA IRA Y LAS MANIFESTACIONES DE ENFADO Y CÓLERA


Es muy probable que usted haya experimentado el sentimiento de ira o manifestaciones coléricas en algún momento de su vida. Es una emoción humana natural como la felicidad, la tristeza y el miedo, y forma parte de todo ser humano. Sin embargo, hay personas que sufren episodios frecuentes e intensos de ira, que interfieren seriamente en su vida diaria, desembocando en un comportamiento destructivo. Entender la ira y empezar a manejarla es algo muy diferente.
 

¿TODO LE PRODUCE IRA?


Un estudio reciente realizado en Reino Unido revela que muchas personas creen que es un país en el que abundan las personas que descontrolan su ira.
En España se piensa que puede suceder lo mismo. Más de una de cada diez personas admiten que tienen un problema a la hora de controlar su ira, pero menos de uno de cada siete buscan ayuda para solucionar el problema. Esto significa que, por regla general, la población no sabe manejar esta emoción, lo que lleva a un detrimento de las relaciones familiares, el trabajo y el bienestar de las personas que le rodean.
 

¿QUÉ LE MOLESTA?
 

Todo el mundo se enfada por diversas cosas. En la sociedad de hoy en día, tener prisa debido a los horarios, fallos tecnológicos o relaciones turbulentas entre amigos, parejas o compañeros de trabajo son fuentes comunes de ira. Aunque estas situaciones son modernas, la causa subyacente de la ira es la misma hoy que hace siglos. Por ejemplo, se pondría furioso si tanto usted como su pareja estuvieran ante una amenaza física, si ha perdido sus recursos o si alguien intenta destruir algo que aprecia. La ira ha evolucionado para mantener su cuerpo y su mente estimulados y preparados para la acción y para situaciones estresantes.
 

ROJO DE IRA


Cuando algo le hace enfadarse puede sentir diversas emociones. Estos sentimientos tienen un impacto fisiológico directo en el resto de su cuerpo: el corazón comienza a latir más deprisa, la presión sanguínea y la temperatura se incrementan, su ritmo respiratorio se acelera y comienza a sudar más.

Cada persona expresa su ira de una forma diferente. Puede reaccionar inmediatamente ante cualquier cosa que le provoque ira o reprimir sus sentimientos por completo. Es posible que acumular ira sea la causa de que llegue a “explotar” cuando se encuentra frente a situaciones dificultosas –muchas personas describen este sentimiento como “estar rojo de ira”.

Mucha gente es capaz de mantener su ira bajo control, pero si siente incapaz de controlar su temperamento o si éste afecta a las personas que le rodean, debe consultar con su médico de cabecera.
 

LA IRA, CERCANA AL PELIGRO
 

Los efectos físicos de la ira afectan a su salud a corto y largo plazo. Pasar por periodos regulares e intensos de ira puede provocar problemas a diversos niveles :

• Digestión – puede contribuir al desarrollo de enfermedades como la colitis ulcerosa (inflamación y úlceras en las paredes del intestino delgado), gastritis (inflamación de las paredes del estómago) o Síndrome del Colon Irritable.

• Sistema inmune –ser más propenso a infectarse por el virus de la gripe y recuperarse más lentamente de accidentes u operaciones.

• Corazón y sistema circulatorio – puede incrementar el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria del corazón o un derrame cerebral.

• Salud mental –puede provocar depresión, adicción, autolesiones, compulsividad y u comportamientos intimidatorios.

Si la ira le produce problemas es recomendable que siga un tratamiento, quizás incluyendo medicación.
 

CÁLMESE


La vida puede llegar a ser, en ocasiones, estresante, siendo muy fácil que la presión a la que estamos sometidos aumente. Debe intentar hacer pequeños cambios en su estilo de vida si sufre un problema con el manejo de la ira. Por ejemplo, una carencia de ciertos nutrientes le pude hacer sentirse irritable y débil. Trate de seguir una dieta sana y equilibrada, dormir las horas suficientes y darse a sí mismo placeres o recompensas por acciones, actitudes y pensamientos positivos.


Además, no beba alcohol en exceso ni tome drogas ilegales (especialmente estimulantes, como las anfetaminas y la cocaína) ya que incrementará el riesgo de desarrollar un problema a la hora de ser capaz de manejar su ira.


Incluso cosas sencillas como darse un baño relajante, un paseo o leer un buen libro le pueden ayudar. El ejercicio físico previene que la ira se acumule en su organismo y mejora su autoestima. Trate de hacer cosas que le diviertan y le entretengan, como bailar o practicar footing.
 

PROGRAMAS DE AYUDA
 

Existen programas y sesiones diseñadas para personas que sufren episodios aislados de violencia, o que tuvieron una actitud violenta en el pasado y ahora se sienten incapaces de realizar cambios en su comportamiento. Puede seguir un tratamiento individual o en grupo, que le ayudará a superar y vencer sus problemas de ira. Algunos programas duran unos días mientras que otros se alargan durante semanas o meses.
 

AYUDA PROFESIONAL
 

La terapia cognitiva-conductual es un tipo de apoyo psicológico que ayuda a cambiar su forma de pensar sobre ciertas situaciones y a comportarse y afrontar los problemas de otra forma. No se trata de centrarse en su comportamiento del pasado, sino en concentrarse en diversas formas de mejorar sus mecanismos para el futuro.
 

PASOS A SEGUIR


• Tranquilícese. Cuando comience a sentir que la ira comienza a crecer dentro de usted, pare y recapacite por un momento. Esto el dará tiempo para reflexionar sobre la situación y considerar cual es el mejor comportamiento para responder a la misma. Como se suele decir: “Respire hondo y cuente hasta diez antes de hablar”.

• Márchese. Si se siente tan furioso que no puede hablar o considera que puede ser violento con otra persona, lo mejor es marcharse de la situación. Trate de hallar qué le hace sentirse furioso y así sabrá cuando debe dejar la situación a un lado.

• Resuelva problemas del pasado. Esto es importante en todo el sentido de la palabra. Si se siente capaz de entender qué le hace sentir ira, podrá resolver temas pasados y prevenir que este sentimiento vuelva a acumularse en el futuro.

• Sea constructivo, no destructivo. Cuando se encuentra irritado por algo, controle sus emociones y cuente a la gente que se encuentra a su alrededor por qué está enfadado. Si habla tranquilo y calmado y realiza peticiones antes que exigencias, los otros respetarán sus argumentos y le escucharán.

Fuente: http://www.sanitas.es/sanitas/seguros/es/particulares/biblioteca-de-salud/psicologia/prepro_080013.html

viernes, 26 de octubre de 2012

Ataque de Pánico y Agorafobia



¿Qué puedes hacer si tienes trastorno de pánico?

Diana estaba viendo la televisión después de un día normal de trabajo. De repente, sintió una fuerte sensación de mareo y ahogo, como si no hubiera suficiente oxígeno en el aire que respiraba. Entonces su corazón empezó a palpitar con tanta rapidez y fuerza que se sintió aterrorizada, pensando que podía morir de un ataque cardíaco. Empezó a sudar, se sintió temblorosa e inestable. Todo esto alcanzó su máxima intensidad en 60 segundos. Era el octavo ataque de pánico que tenía ese mes.

Definición

El ataque de pánico consiste en una intensa y repentina sensación de miedo y peligro, un gran deseo de escapar, así como síntomas físicos relacionados con la ansiedad. Los síntomas pueden diferir de una persona a otra pero suelen aparecer cuatro o más de lo siguientes:

  • Palpitaciones
  • Sudoración
  • Temblor
  • Sensación de ahogo o falta de aire
  • Dolor o molestias en el pecho
  • Nauseas o malestar abdominal
  • Mareo
  • Sensación de irrealidad
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a morir
  • Entumecimiento, hormigueos
  • Oleadas de calor o escalofríos

El trastorno de pánico es bastante frecuente, dándose en 1 de cada 75 personas en todo el mundo. El primer ataque suele aparecer durante la adolescencia o principios de la edad adulta, de forma repentina e inesperada, generalmente durante una etapa de estrés prolongado (enfermedad y/o muerte de un ser querido, traslado a otra ciudad o país, nacimiento de un hijo, presiones en el trabajo o estudios, etc) y deja a la persona que lo ha padecido sumida en un estado de gran preocupación y ansiedad pensando que puede tener alguna enfermedad grave o que podría tener otro ataque en cualquier momento. La primera reacción suele ser ir a urgencias, pero tras un reconocimiento, los médicos le dicen que todo está en perfecto estado y no tiene nada.

Las situaciones en las que ocurren los ataques son muy variadas: caminando por la calle, conduciendo e incluso durante el sueño y parece surgir de repente, sin que haya nada en concreto que los desencadene, al contrario de lo que sucede en la fobia simple en la que los síntomas de ansiedad aparecen tras ser expuestos al objeto temido (por ejemplo, cuando una persona con fobia a las serpientes ve uno de estos reptiles). Sin embargo, en otros casos, antes del ataque han vivido un periodo de semanas o meses durante el cual notaban su corazón más acelerado de lo normal.
Del pánico a la agorafobia

Después de varios ataques, el miedo y la preocupación aumentan. Muchas personas empiezan a evitar las situaciones en las que tuvieron esos ataques, las situaciones en las que sería difícil escapar o encontrar ayuda si se diese un ataque o las situaciones en las que se sentirían avergonzados si tuviesen dicho ataque, como reuniones sociales. De este modo, su vida se va viendo cada vez más y más restringida, hasta que puede llegar un momento en que no se atrevan a salir de casa por miedo a tener un ataque. Esto es lo que se llama agorafobia, y se da en un gran número de personas con trastorno de pánico, aunque no en todas.

Conforme el trastorno se agrava y va pasando el tiempo sin que cambien las cosas, algunas personas acaban deprimidas o recurren al alcohol y medicamentos para tratar de controlar sus síntomas. Pueden tener problemas laborales e incluso llegar a perder el trabajo o abandonarlo. Uno de cada 5 intenta suicidarse. Con frecuencia son mal diagnosticados debido a que se confunden sus síntomas con enfermedades físicas, como problemas cardíacos, hipertiroidismo y ciertos tipos de epilepsia.

Situaciones y actividades que suelen evitar los agorafóbicos

Estar lejos de casa, estar solos (sin la compañía de alguien que pudiera ayudarlos en caso de ataque), esfuerzo físico, lugares de los que es difícil escapar en caso de ataque de pánico (restaurantes, cines, grandes almacenes, transporte público), lugares en los que se sentirían avergonzados si tuviesen un ataque (reuniones, encuentros sociales...).

¿Cuáles son las causas del trastorno de pánico?

1. Predisposición biológica

Predomino del sistema cardiorespiratorio. Cuando una persona siente ansiedad, se producen una serie de respuestas físicas de varios tipos: cardiorespiratoria (taquicardia, respiración acelerada, sensación de falta de aire...), músculo-esquelética (temblores, hormigueos...) y gastrointestinal (náuseas, malestar abdominal, etc). En cada persona puede haber un predominio de uno u otro sistema y parece ser que es el primero (cardiorespiratorio) el que está más relacionado con el pánico.

Hiperventilación. Se trata de una respuesta común a la ansiedad, que es mayor en aquellas personas en las que la ansiedad activa preferentemente el sistema cardiorrespiratorio. Los síntomas de la hiperventilación son: respiración entrecortada, mareos, palpitaciones, dolor en el pecho, etc. Algunas personas hiperventilan no sólo en situaciones de ansiedad, sino de modo crónico, debido a que no respiran correctamente (respiración superficial y frecuente, predomino de la respiración oral) o a problemas de salud física como trastornos nasales o hipertiroidismo.

Los ataques de pánico suelen aparecer por primera vez durante una etapa de estrés prolongado. En estas situaciones, las personas con predominio cardiorrespiratorio están teniendo una respiración superficial e ineficaz, tienden a hiperventilar, sus músculos están tensos, su corazón se acelera para compensar esta mala respiración, hasta que llega un momento en que los síntomas de hiperventilación aumentan. Aquí entran en juego los factores psicológicos y de personalidad para acabar provocando un ataque de pánico.

 2. Factores psicológicos

Las personas con tendencia al ataque de pánico suelen tener las siguientes características:

  • Toleran mal el estrés y tienden a responder intensamente ante situaciones que les resultan estresantes.
  • Gran sensibilidad a las reacciones corporales (como corazón acelerado, mareo, etc.), que interpretan como peligrosas y pueden llegar a verlas como amenazas serias para su salud, cuando en realidad se trata de reacciones normales e inofensivas, como la reacción al miedo. Responden a estas reacciones con ansiedad y síntomas físicos.
  • Tendencia a responder con miedo ante los síntomas de ansiedad y hacer interpretaciones catastrofistas. Por ejemplo, las palpitaciones son interpretadas como indicio de ataque cardíaco, la sensación de irrealidad la interpretan como indicio de que se están volviendo locos, etc.

De este modo, en cuanto aparecen los primeros síntomas de hiperventilación durante una etapa de estrés prolongado, estas personas se asustan mucho, piensan que algo malo les pasa, el miedo hace que su corazón se acelere aún más y que aumenten los síntomas, los cuales son a su vez interpretados como una amenaza muy seria contra sus salud. Piensan que puede ser un infarto, que se van a morir, que perderán el control del coche y se estrellarán (si van conduciendo), etc. y el miedo va aumentando hasta transformarse en verdadero pánico. Después, el miedo a que vuelva a suceder los mantiene tensos y ansiosos, aumentado así las posibilidades de que, efectivamente, acaben teniendo un nuevo ataque de pánico.

Por tanto, el ataque de pánico es la respuesta psicofisiológica normal (e inofensiva) que sucede ante situaciones de gran peligro (como cuando un enorme perro furioso se abalanza contra ti con intención de atacar), con la diferencia de que en el caso del ataque de pánico, no existe ningún peligro real.

Creencia falsas típicas de estas personas

1. Creen que si su corazón late tan deprisa es que van a tener un infarto o tienen una enfermedad del corazón. Y piensan que la sensación de falta de aire significa que se va a asfixiar. Sin embargo, las palpitaciones y los síntomas respiratorios son reacciones normales que se producen en situaciones de peligro y estamos biológicamente preparados para soportarlas. ¿Te imaginas que cada vez que a nuestros antepasados prehistóricos les persiguiera una fiera les hubiese dado un infarto o se hubiesen desmayado o asfixiado?

2. Piensan que el mareo significa que están a punto de desmayarse. Sin embargo, en una situación en la que desmayarse suponga un peligro real para la vida (al ir conduciendo), la misma respuesta de miedo y ansiedad se encargará de mantenerte alerta el tiempo necesario.

3. Piensan que durante un ataque pueden perder el control y tener un accidente de tráfico, actuar de forma impulsiva y salir corriendo y gritando, etc. Pero la realidad es que la gente con ataque de pánico no pierde el control, pueden seguir conduciendo, aumentar o disminuir la velocidad, aparcar el coche, etc., y si están en alguna habitación o local, salen caminando de allí (no corriendo descontrolados).

4. Piensan que la sensación de irrealidad significa que van a volverse locos. Pero es un hecho que la gente con problemas de ansiedad no se vuelve loca. Esa sensación es solamente un síntoma de hiperventilación inofensivo.

5. Incluso aunque aquello que temen no suceda nunca en ninguno de sus ataques de pánico, siguen pensando lo mismo, diciendo: “esta vez es diferente”. Pero no hay ningún motivo para pensar que esta vez vaya a ser diferente. Tus ataques de pánico son siempre los mismos y la evidencia de tu propia experiencia te demuestra que tu corazón puede soportar las palpitaciones igual que las soporta cuando haces deporte.

6. Creen que un determinado suceso sería una catástrofe cuando, de hecho, sólo sería una molestia o un fastidio.

7. Exageran la posibilidad de que aquello que temen, suceda.

¿Qué puedes hacer si tienes trastorno de pánico?




1. Aprende todo lo que puedas sobre este trastorno.

2. Aprende a respirar correctamente. Haz ejercicios respiratorios varias veces al día: coge aire por la nariz hasta llenar los pulmones desde abajo hacia arriba (como si quisieras llenar el abdomen de aire), retén el aire unos segundo y luego expúlsalo por la boca lentamente. Hazlo cada vez que te acuerdes. Durante un ataque tiendes a respirar de forma superficial y rápida. Intenta cambiar este tipo de respiración por el que has ensayado.

3. Aprende técnicas de relajación que puedas utilizar durante un ataque. Practica regularmente. También puedes utilizar otras técnicas como el yoga, la meditación, etc., que te ayudarán a liberarte del estrés acumulado.

4. Anota las sensaciones y pensamientos que tienes durante un ataque, observa cómo tus pensamientos e interpretaciones de esas sensaciones hacen que aumente tu ansiedad. Luego trata de cambiar tus pensamientos por otros más realistas y objetivos. Por ejemplo, si piensas: “me estoy volviendo loco”, trata de cambiar esos pensamientos por estos otros: “nadie se vuelve loco por tener un ataque de pánico. Sólo son síntomas de ansiedad y pasarán dentro de poco. Puedo soportarlo”. Busca evidencias que te ayuden a cambiar tus creencias erróneas: Pregúntate: ¿Qué explicación ha sido hasta ahora más acertada según mi experiencia? ¿Cuál de las dos es más razonable? La sección sobre Terapia Racional-Emotiva puede servirte de ayuda para hacer esto.

5. Durante un ataque de pánico te resultará más difícil pensar de forma objetiva y realista. Por eso, conviene que además de intentar modificar tus pensamientos durante un ataque, lo hagas también después, anotando tus sentimientos, pensamientos e interpretaciones alternativas. Puedes usar estas notas para ayudarte a pensar mejor durante el siguiente ataque.

6. Busca ayuda profesional. Un psicólogo puede ayudarte a superarlo y con una psicoterapia apropiada la mayoría de las personas con trastorno de pánico logran recuperarse por completo.

Fuente: http://www.cepvi.com/articulos/panico5.shtml